Recuperación de tradiciones
Proyecto ELISA
Construcción a escala real y puesta en valor de una réplica del Barco Fenicio Mazarron II hallado en aguas del Puerto de Mazarrón en 1994.

Fomento de la navegacion en embarcaciones clasicas
SALIMA .
"Existen barcos que te llevan a tu destino, y barcos que son el destino en sí mismos.
Sube a bordo de una leyenda de 1971 y redescubre el arte de navegar."
No se trata únicamente de una embarcación; es una joya italiana de 1971, una verdadera obra maestra. La calidez del casco de madera de 16 metros, junto con el suave murmullo del agua acariciando su superficie, favorece una atmósfera de tranquilidad emocional y singularidad en el entorno del Mar Menor, un lugar excepcional en Europa. Esta experiencia se erige como un viaje vital e histórico que rememora la "Época Dorada" de la náutica mediterránea.



ENCUENTRO INTERNACIONAL DE EMBARCACIONES TRADICIONALES. PASAIA 2026
El latido del patrimonio marítimo en aguas de Pasaia
La cuarta edición del Pasaia Itsas Festibala ha vuelto a demostrar que el patrimonio marítimo no es una arqueología estática de museos y vitrinas, sino una cultura viva que se defiende, se navega y se transmite de generación en generación. A pesar de unas condiciones meteorológicas adversas que pusieron a prueba la resiliencia de las tripulaciones, la bahía de Pasaia se convirtió una vez más en el epicentro de la memoria marinera internacional, teniendo en esta ocasión a Canadá como dignísimo país invitado de honor.
El verdadero valor de este encuentro radica en la excepcional naturaleza de la flota congregada: más de 120 embarcaciones tradicionales que representan siglos de evolución de la ingeniería naval, de la carpintería de ribera y de la pericia náutica.
En la categoría de grandes navíos, la presencia de imponentes réplicas históricas nos permitió admirar la majestuosidad de la arquitectura naval de los siglos XVIII y XIX. El bergantín holandés Morgenster, con sus 48 metros de eslora y su imponente aparejo, y la fragata corsaria francesa Étoile du Roy (47 metros), con sus tres mástiles y 20 cañones, dominaron el paisaje de la bahía, recordando la complejidad técnica y organizativa de la navegación de altura de la era de la vela. Junto a ellos, el aviso-goleta de la Marina francesa La Recouvrance (42 metros) y el lugre corsario británico Grayhound (24 metros) ofrecieron una lección magistral de lo que supuso la vela clásica en el Atlántico.
Sin duda, uno de los grandes hitos e imanes del festival ha sido la Nao San Juan (28 metros de eslora). La fidedigna réplica del ballenero vasco del siglo XVI, que naufragó en las costas de Terranova en 1565 y cuyo pecio original es el icono de la protección del patrimonio subacuático de la UNESCO, centró todas las miradas en la dársena de San Pedro. Ver este casco imponente, construido con el rigor de la carpintería de ribera tradicional en la factoría Albaola, supuso para los profesionales del sector una oportunidad única de apreciar la ingeniería naval pretérita en su máxima expresión. El San Juan no es solo un barco; es un puente vivo de madera y roble que conecta el pasado ballenero de Euskadi con la investigación arqueológica global.
Asimismo, la presencia de unidades de nuestra flota de bajura histórica —hoy convertidas en barcos-museo y aulas flotantes— como el Mater (una joya de madera que encarna la tradición bonitera vasca) o el buque de rescate Aita Mari, subraya la reconversión de estos cascos hacia la pedagogía social y la solidaridad humana. Desde otras latitudes peninsulares, la participación de embarcaciones tradicionales como el xeiteiro gallego Evangelina (1912) evidenció los lazos de hermandad y el esfuerzo compartido por conservar la tipología naval de cada litoral.
Detrás de cada una de estas esloras, desde los colosos de tres mástiles o la singular arquitectura del ballenero vasco, hasta los pequeños botes de remo y vela tradicional de las delegaciones bretonas, gallegas y vascas, existe un valor humano incalculable. Son los armadores, las asociaciones culturales y las tripulaciones quienes, de forma a menudo invisible pero constante, sostienen los costes, el mantenimiento y el conocimiento de la navegación tradicional. Ellos configuran la auténtica "obra viva" de este festival: esa estructura sumergida que no siempre se ve a primera vista en los balances turísticos, pero que es la que verdaderamente sustenta, impulsa y da flotabilidad a nuestra identidad marítima.
En un tiempo de estandarización tecnológica, festivales como el de Pasaia nos recuerdan la necesidad imperiosa de proteger legal y socialmente nuestras embarcaciones históricas. Custodiar estos barcos es custodiar el oficio de quienes nos precedieron y garantizar que las futuras generaciones sigan mirando al mar con el respeto, la ciencia y la dignidad que solo la historia viva puede enseñar.
